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Internet y las descargas

Internet ha supuesto para todos nosotros una revolución enorme.

Hemos visto de la noche al día como era posible comunicarse con personas que están en cualquier parte del mundo, de una forma inmediata y sin más coste que una tarifa plana, hemos tenido al alcance de nuestra mano la posibilidad de realizar transacciones comerciales con cualquier parte del planeta, y disfrutamos diariamente de una cantidad de información, sin precedentes.

Sin embargo, no todo ha sido tan positivo, puesto que acceder a Internet también ha supuesto darle acceso a terceras personas de aspectos de nuestra intimidad, y lo que es peor, a veces sin quererlo.

Tener a nuestra disposición una gran cantidad de contenido para descargar, podemos descargar mp3 con una rapidez increíble, descargar software, películas, series de televisión… y con este acceso tenemos un problema, y es un problema que va a ser complicado de resolver, porque no existe un consenso, no nos ponemos de acuerdo.

El problema fundamental es que el autor autores de esos contenidos ven como todo su trabajo corre peligro, porque si no existe una remuneración correcta, acorde al éxito, a las preferencias del usuario.




Lo que se puede decir es que si el comportamiento de los usuarios ha cambiado, se pide a gritos un cambio en el modelo de negocio, un modelo que debe ir dirigido al mundo de las descargas, eso es algo en lo que parece que todos estamos de acuerdo, pero a partir de aquí el dilema fundamental es como facturarlo.

Porque parece ser que estamos acostumbrados a descargarnos cantidades de contenido, con lo cual la forma de cobrarlo debería ir en ese sentido, desarrollando posibles tarifas planas o pseudo-planas basadas en una cantidad límite de música, películas, series, etc. al mes, un poco al estilo de las primeras tarifas planas para navegar en Internet o al estilo de las que existen ahora para hacerlo con el móvil.

Quizás sería el momento de reconocer que el usuario no va a cambiar su forma de hacer y de ponerse manos a la obra para ofrecerle lo que quiere, convirtiendo lo prohibido lo ilegal y dándole un vuelco, porque seguramente nadie querría una versión pirata de nada, si tiene a su alcance el original.

Supongo que es un tema que da para mucho y en el que podríamos estar muchas horas debatiendo, en fin, que la idea es que tal vez habría que estudiar nuevas formas de vender el contenido digital, para hacerlo no sólo más viable, si no más acorde a los nuevos tiempos que corren.

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